viernes, 18 de diciembre de 2009


Esta última semana el tiempo me ha manejado a su antojo. Las manecillas del reloj se apresuraban a dar la hora siguiente, impidiéndome apurar los minutos que quedan para la hora señalada, para que una melodía de cuatro notas me diga que el tiempo se agota. Los minutos, las horas, los segundos, han corrido desesperadamente, en mi contra, atropellándose los unos a los otros.
¿Para qué?
Para luego llegar a una hora decisiva que se empeñó en no darnos tregua, donde lo menos pensado pasó tirando por la borda el esfuerzo que había hecho, nadando a contracorriente con el tiempo, para dejarme sin nada ante lo inminente.
Hubiese sido mejor no ver nada, absolutamente nada, y dejarlo todo para otra ocasión en la que nada se hubiese interpuesto.
Pero el tiempo estaba jugando en mi contra... Y ganó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario