Hace algunos minutos, he releido las primeras entradas del blog. Hará aproximadamente unos 8 meses desde que quedó inaugurado, con aquella promesa de entradas más o menos regulares, según 2º de Bachillerato lo permitiera.
A día de hoy, 6 de agosto, hay muchas cosas que han cambiado. Sobrevivimos a 2º de Bachillerato, con nuestros más y nuestros menos (véase todos aquellos profesores que tildamos de terroristas contra nuestra vida social y nuestro sueños), vimos amanecer junto con los amigos el día posterior a la graduación, sentados en una acera y con los pies doloridos por los tacones. Luego sobrevino aquel fatídico mes que decidimos tomarnos con calma para hacer un enorme repaso general de todo el curso, días enteros de biblioteca para enfrentarnos a la temina PAU, de la cual pendían todos y cada uno de nuestros planes de futuro. Aprendimos con ella a controlar aquellos nervios que nos traían de cabeza. Los resultados, no siempre satisfactorios, fueron acogidos con entusiasmo. Aquello supuso el pasaporte, aunque aún no era definitivo. Reclamaciones, preinscripciones en universidades de toda la geografía española. Algunos nos lo jugamos todo a una. "O es esa universidad, esa carrera, o me espera un gran año sabático."
Y a últimos del mes de julio, tras todo esto, esperamos las listas de admitidos. El pasaporte definitivo, el que cambiará nuestras vidas.
Mi pasaporte tenía dirección de Madrid, concretamente de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. Periodismo. Por fin. Tras un año de dudas, el fracaso estrepitoso que se avecinaba se disipó del todo. Y ya no hay vuelta atrás, por mucha pena que nos vaya a dar alejarnos de todo y de todos.
El 4 de octubre, mi vida dará el giro radical que llevaba buscando desde hacía tanto.
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